lunes, 23 de enero de 2017

"Ferrocarril subterráneo", por Valeria Luiselli.EL PAIS.

La red clandestina de civiles en el sur de Estados Unidos que, en el siglo XIX, se organizaron para ayudar a los esclavos a escapar de las plantaciones se llamaba El ferrocarril subterráneo. Nunca existió tal tren, pero la jerga ferroviaria se usaba como código secreto para operar la red: los esclavos eran “pasajeros”, por ejemplo, y los refugios eran “estaciones”.
Decidí llevarme la majestuosa novela de Colson Whitehead, El ferrocarril subterráneo, para leer durante el lento viaje que hice en autobús este sábado pasado entre Nueva York y Washington, con otras amigas, para participar en la protesta. Por supuesto, no leí ni media línea (la realidad nos superaba). Pero la novela me acompañó como una especie de amuleto. La cargué por las calles atiborradas de Washington, entre pancartas y consignas, entre cientos de miles de caras hermosas y cuerpos plenamente presentes, entre voces que mandaban un mensaje de compromiso con el futuro.
Cuando terminó la marcha —pies hinchados, alma henchida— tomamos un tren en una estación a espaldas de la Casa Blanca. Mientras nos apretujábamos en un vagón, la voz de una operadora daba las instrucciones de siempre: apresurar el paso, no bloquear puertas, etcétera. Se cerraron puertas y el tren reanudó marcha.
Pero luego, rompiendo protocolos, la operadora volvió al micrófono, y dijo: “Señoras, habla la operadora Beard. Sí, beard —la misma palabra que significa pelo facial masculino—. Pero no se rían. O sí, ríanse, porque es ridículo. Pero ahora escuchen. Les quiero decir: llevo años manejando en estos túneles, y nunca había estado tan orgullosa de mi trabajo. Señoras: hoy hicieron historia. Y estoy muy orgullosa de ser parte de esa historia. Quiero decirles: muchas gracias. Lo demás ya lo saben: compórtense, etcétera”.
Tardamos unos segundos en reaccionar a las palabras de la operadora. Pero, poco a poco, irrumpió el alivio de las risas, las gracias, los gritos, los abrazos, los alaridos alegres.
Vienen años difíciles; años tan largos, negros y hondos como los túneles del metro de Washington. Por los pasillos de la Casa Blanca, solitario y desorientado, habrá un cretino dando gritos. Hay que reírse de él, porque es ridículo. Pero hay que escuchar, también. Porque, justo abajo, estará la operadora Beard, pirata discreta de las contracorrientes, manejando su tren. Y ahí, en esas entrañas oscuras del imperio, van a seguir reverberando los ecos suaves de miles de risas, de voces serenas y potentes. Y la operadora Beard estará iluminando el camino a nuestros ferrocarriles subterráneo. 

"La estupidez", por Almudena Grandes.

El matrimonio siempre ha sido mal negocio para las mujeres. Vendidas por sus padres, compradas por sus maridos, su valor todavía equivale, en muchas partes del mundo, al importe de su dote, como si una esposa no valiera nada en sí misma, como si el hombre que la ha escogido tuviera derecho a cobrar por cargar con ella. Más allá de las joyas, los cinturones de oro, las sedas recamadas de los trajes de boda, la recién casada ha sido, tradicionalmente, el mejor negocio para su flamante esposo, una esclava doméstica que trabaja sin descanso, en todos los frentes de la casa, a cambio de su sustento. Esa es también nuestra tradición, y todo lo que hemos conseguido a partir de ahí lo hemos hecho solas, sin ayuda de nadie. Dejar de ser una propiedad de otro para convertirnos en dueñas de nuestro propio destino no ha sido una tarea fácil. Para comprobarlo, basta con repasar la infinidad de chistes, insultos, frases hechas y normas sociales que perpetúan, en el lenguaje y los usos de la vida cotidiana, situaciones que hemos dejado atrás. Un ejemplo frecuente, significativo, es la tendencia a culpar a las mujeres de los defectos de sus maridos. Que cuando un amigo dice, oye, qué raro está Fulanito, ¿no?, el otro conteste, ya, pero no creas, es que su mujer le presiona mucho, o es que su mujer gasta demasiado, o es que su mujer le tiene encerrado, o… Por eso, y porque es igual de injusto, de estúpido, convertir la elegancia de una mujer en una virtud de su marido, me ha irritado tan profundamente la atención que se ha prestado al traje de Melania. Que baste con un color y un par de guantes para comparar a Trump con Kennedy, vía Jackie, es más de lo que estoy dispuesta a soportar. Ahora la estupidez sucede al crimen, escribió Luis Cernuda. Pues eso.

jueves, 12 de enero de 2017

"HUMILLADOS", por Jorge M. Reverte.




FICHA 7. “Humillados”, por Jorge M. Reverte. EL PAÍS.

Tengo que reconocerlo. Lo que seguramente es el comienzo mejor para hacer que las cosas sean de otra manera. Como ha dicho Barack Obama en su despedida, pudimos y podemos. O sea, que sí, que puedo decir con la mayor de las naturalidades, que me siento humillado cada vez que veo una foto en el periódico de inmigrantes pasando frío, o hundidos en el barro, o huyendo de las explosiones. Veo esas fotos e intento no saber más sobre lo que están pasando. Paso entonces las páginas y me meto todo lo que puedo en el gravísimo problema que supone para mí que la Gran Vía esté cortada unas horas al día.

Un día ya no puedo más, y comienzo la lectura pausada del horror que viven aquí mismo cientos de miles de personas, y nosotros, no solo yo, no hacemos realmente nada. ¿Es verdad que España no puede acoger más que unos pocos cientos de refugiados? Yo creo que no es cierto, que si Alemania puede hacerse cargo de cientos de miles, si Grecia está absolutamente inundada de personas que necesitan lo más elemental, creo que si todo eso es posible sin que se hunda la economía europea, en España podríamos acoger a muchos, muchísimos más de los que decimos. Y el problema no es solo, ni fundamentalmente, el Estado. El problema somos nosotros.

Hagamos la prueba: leamos enteras las noticias, las que explican que la gente hace cola para conseguir una sopa a una temperatura ambiente de veinte grados bajo cero. Y entonces, apartamos ligeramente el café humeante que tenemos en la barra del bar, y nos imaginamos que alguno de nuestros hijos está ahí, esperando la sopa.

Yo no digo que nadie se lleve a su casa a una familia siria, pero sí que dedique alguna energía cada día para exigir que el partido al que vota ponga en marcha medidas que sirvan para mejorar la situación de esa gente, o que fuerce a los Gobiernos a que lo hagan.

Son cosas que están al alcance de la mano de cualquiera. No es inimaginable pensar que en España cupieran un millón de personas más de las que hay ahora. No íbamos a convertirnos en pobres de solemnidad por eso. Tampoco pensemos que los inmigrantes van a pagar las pensiones de mañana. Imaginemos que es un acto de solidaridad y ya está. Un acto de solidaridad a cambio de nada. Tan solo con eso tendremos un país mejor, porque nuestros vecinos y nosotros lo seremos.

Un millón de personas más.

Para cambiar la política internacional hace falta más tiempo.



1.- Señala el tema y la tesis.

2.- En el  texto hay dos adjetivos subrayados. Coméntalos desde el punto de vista de su carácter valorativo (explicativo) o no valorativo (especificativo).

3.- Comenta los sustantivos que se encuentran al final del texto, desde “Son cosas que están… “.

4.- Analiza las funciones del lenguaje presentes en el texto.

5.- Comenta los tiempos y las personas verbales del primer párrafo.
6.- Realiza los ejercicios de la página 73. (Categorías gramaticales).
7.- Realiza los ejercicios 21, 23 y 26 de la página 75. (Categorías gramaticales)
8.- Realiza los ejercicios 28, 31, 34, 36 y 40 de la página 79. (Sintaxis).
9.- Realiza los ejercicios 43, 44, 46, 48 y 49 de la página 83.
10.- Realiza los ejercicios de la página 209.
11.- Realiza los ejercicios de la página 213.





miércoles, 11 de enero de 2017

NOTA IMPORTANTE: ASPECTOS PARA EL CRITERIO OCHO.

Conceptos básicos para el criterio  8. Aspectos sobre los que versarán las preguntas del tipo test.


Para el examen del criterio ocho, estas son los aspectos que deben estudiar. Son facilitos y algunos ya los vimos el curso pasado.

De la unidad 10:

1.- La Romanización: el latín vulgar y el latín culto.
2.- El sustrato y el superestrato.
3.- Causas de la presencia abusiva de los anglicismos en el español actual.

De la unidad 11


4.- Variedades diatópicas.
5.- Variedades diafásicas.
6.- Variedades diastráticas.
7. Las jergas.
8.- Factores que destacan en la conformación del español de América.
9.- Indigenismos (concepto).
10.- Rasgos lingüísticos del español de América.

De la unidad 12

11.- El Instituto Cervantes.
12.- Rasgos lingüísticos del español usado en las nuevas tecnologías.


domingo, 8 de enero de 2017

"Nosotras mismas", por Luz Sánchez-Mellado. EL PAIS.

Lo voy a decir todo seguido porque así es como sucede y quien ha pasado por ello lo sabe. La primera vez que te grita patética o inútil o de dónde coño vienes y luego te llora y te suplica y te viene con que te quiere y te adora y eres la mujer de su vida y vas tú y te ablandas y le perdonas porque él tiene ese pronto terrible pero luego no es nadie y todo va a cambiar y esta va a ser la última, estás perdida. O puedes llegar a estarlo. Es así de claro. Así de triste. Así de crudo. Métetelo en la cabeza. Él no va a cambiar. Si pasas una, puedes llegar a pasar todas. Piensa en ti, piensa en todas. No tienes la vacuna ni el antídoto ni el tratamiento. No eres tan distinta de tantas. No eres tú, es él. No eres la primera ni la última pero puedes ser la siguiente de la lista. Van 40 asesinadas este año. Y todas empezaron pasando la primera.
Seamos realistas. Llevamos lustros sabiendo de lo que hablamos cuando hablamos de violencia machista. Desde que Ana María Orantes pusiera, primero con su desgarrador testimonio televisivo y después con su cuerpo abrasado por el asesino, el elefante encima de las mesas y de las agendas informativas, hay que estar ciega para no ver que todas podemos ser víctimas. Ninguna estamos libres. Han caído y caen ancianas y adolescentes, doctoras y analfabetas, ricas y pobres, españolas y extranjeras. Da lo mismo. El único perfil universal es el del verdugo. Un tipo seductor que primero te enamora y se te hace imprescindible y después te esclaviza, te roba la autoestima, te anula y te aniquila.
Cierto es que son milenios de desigualdad, de machismo estructural, de heteropatriarcado —por usar la palabra de moda— ahí fuera. Cierto que a demasiadas nos ponen los malotes. Que nos han inculcado que el amor duele, que cuesta, que quien bien te quiere te hará llorar, que los celos son prueba de amor, que hay que luchar por las relaciones, que la pareja está hecha de renuncias y sacrificios. Cierto es que nosotras somos las víctimas y no los verdugos. Convengamos, no obstante, en que tenemos cierto margen de maniobra. Que podemos rebelarnos. Decirles que no. Darles puerta. Nunca es pronto. Ni tarde. La culpa no es nuestra, sino suya, vale. Pero demasiadas han dejado la vida. Demasiadas han confirmado la regla. Hagamos pues nuestra parte. No bajemos la guardia. No le pasemos a uno ni una. Ni el amor de tu vida ni el padre de tus hijos ni el marido perfecto de puertas afuera: ninguno merece la pena.

"Heterofobia", por Luz Sánchez-Mellado. EL PAIS.

¿Hay alguién ahí? ¡Socorro, auxilio, ayuda! Sé que abuso de mi poder al usar este púlpito en beneficio propio. Pero, a riesgo de ser llamada a capítulo, oso lanzar este SOS al mundo para denunciar mis condiciones de vida. Soy una mujer —bueno, vale, señora— heterosexual irredenta a quien el colectivo LGTBI no le deja respirar tranquila. Oprimidita viva, me tienen. Las lesbianas me acosan. Los gays me pasan la pluma por los morros. Los transexuales quieren que me hormone —más— a la fuerza. Los bisexuales me dan por ambos lados. Y los interesexuales me acusan de reduccionista. Vamos, que solo les falta llamarme heteraza por la calle, curarme de lo mío aunque sea a hostias y captarme para su secta. Y, claro, así no hay quien viva su heterosexualidad con naturalidad, ni con libertad, ni con libertinaje ni nada.
Menos mal que no estoy sola. Se ha presentado la autodenominada Plataforma por las Libertades, valga el oxímoron, para pedir la derogación de las leyes contra la discriminación por diversidad sexual y de género. Unas normas que incluyen la educación en las distintas orientaciones e identidades sexuales humanas desde la infancia. Algo insoportable para los exdiputados del PP Lourdes Méndez y Jaime Mayor Oreja, y para el rector de la Universidad Católica de Murcia, integrantes, entre otros, de tan tolerante lobby. Que la defensa de las personas LGTBI conculca la libertad del resto, braman. Que cada familia educa a sus niños en sus propios valores, pían. Que dónde se ha visto tamaña injerencia, se hacen cruces. O sea, lo de siempre. Para mí que no son las leyes, sino el apoyo a las mismas de su exPP de su alma, lo que les tiene locos, loquitos, locos. Había que verles presentando su cruzada al orbe con el gesto beatífico de quien está en posesión de la verdad absoluta. Lástima que el sufrimiento de según qué prójimo les sea ajeno. Darían risa si no dieran náuseas.