miércoles, 26 de octubre de 2016

Ficha 5. SIETE MENOS.

"Siete menos", por Leila Guerriero. Ficha 5 de Segundo de bachillerato.LA MORFOLOGÍA DE LA PALABRA. LA PUBLICIDAD.

El 20 de octubre, cuando en Buenos Aires la marcha #NiUnaMenos (organizada para visibilizar la violencia contra las mujeres) llegaba a su momento culminante, en Mendoza un hombre mataba a su hermana —con un destornillador— y en Tucumán otro rociaba con alcohol a su pareja y la prendía fuego. Mientras, en mi casa, yo miraba por televisión a una conductora que, después de hablar sentidamente sobre la violencia de género, daba paso a la publicidad: un anuncio de jabón en el que una mujer lavaba la ropa de sus hijos traviesos —varones—, seguido de otro en el que un hombre conducía un auto por paisajes que exudaban libertad, seguido de otro en el que una mujer le enseñaba a su hija a cocinar pollo al horno. En Colombia nos arrojan ácido, en Chile nos arrancan los ojos, en mi país nos prenden fuego. Cada quien cultiva sus bestias. Los hombres nos matan. Nos matan, también, otras cosas. Nos mata la leche infectada que tragamos a diario y que hace que (a todos) nos parezca normal que en las publicidades las mujeres laven ropa y los hombres salgan a conocer el mundo. Que hace que nadie encuentre rastros de sumisión jurásica en la frase (repetida por hombres y mujeres) “tener un hijo es lo más maravilloso que puede pasarle a una mujer”. Que hace que los periodistas sigamos prohijando artículos sobre “la primera mujer conductora de metro” como quien dice: “¡Miren: no son idiotas, pueden accionar palancas!”. Que hace que el cuerpo de una hembra joven parezca más vulnerable que el de un macho joven. Que hace que si dos mujeres viajan juntas se diga que viajan “solas”. Nos mata esa leche infecta que, más que leche de cuna, parece una canción de tumba o una profecía sin escapatoria. (En la Argentina un hombre mata a una mujer por día, de modo que desde aquella marcha y hasta hoy en mi país hay siete mujeres menos y siete ataúdes más).

1.- Tema, tesis y resumen del texto.
2.- Explica la tipología argumental usada por la columnista.
3.- Estructura el texto.
4.- Ejercicio 1 de la página 41. ( La publicidad).
5.- Ejercicios 2, 3, 4 de la página 51. (La derivación).
6.- Ejercicios 11, 12,13,14,15 y 19 de la página 53.(Composición y parasíntesis).
7.- Ejercicios 25, 26, 27, 28, 29 y 30 página 55. (Morfología de las formas verbales).
8.- Toda la página 61.( Las palabras patrimoniales y los préstamos).
9.- Toda la página 63. (Los neologismos: análisis y clasificación).

"Siete menos", por Leila Guerriero. EL PAIS. 26 de octubre de 2016.

El 20 de octubre, cuando en Buenos Aires la marcha #NiUnaMenos (organizada para visibilizar la violencia contra las mujeres) llegaba a su momento culminante, en Mendoza un hombre mataba a su hermana —con un destornillador— y en Tucumán otro rociaba con alcohol a su pareja y la prendía fuego. Mientras, en mi casa, yo miraba por televisión a una conductora que, después de hablar sentidamente sobre la violencia de género, daba paso a la publicidad: un anuncio de jabón en el que una mujer lavaba la ropa de sus hijos traviesos —varones—, seguido de otro en el que un hombre conducía un auto por paisajes que exudaban libertad, seguido de otro en el que una mujer le enseñaba a su hija a cocinar pollo al horno. En Colombia nos arrojan ácido, en Chile nos arrancan los ojos, en mi país nos prenden fuego. Cada quien cultiva sus bestias. Los hombres nos matan. Nos matan, también, otras cosas. Nos mata la leche infectada que tragamos a diario y que hace que (a todos) nos parezca normal que en las publicidades las mujeres laven ropa y los hombres salgan a conocer el mundo. Que hace que nadie encuentre rastros de sumisión jurásica en la frase (repetida por hombres y mujeres) “tener un hijo es lo más maravilloso que puede pasarle a una mujer”. Que hace que los periodistas sigamos prohijando artículos sobre “la primera mujer conductora de metro” como quien dice: “¡Miren: no son idiotas, pueden accionar palancas!”. Que hace que el cuerpo de una hembra joven parezca más vulnerable que el de un macho joven. Que hace que si dos mujeres viajan juntas se diga que viajan “solas”. Nos mata esa leche infecta que, más que leche de cuna, parece una canción de tumba o una profecía sin escapatoria. (En la Argentina un hombre mata a una mujer por día, de modo que desde aquella marcha y hasta hoy en mi país hay siete mujeres menos y siete ataúdes más).

lunes, 24 de octubre de 2016

"De fundamentalismos".




"De fundamentalismos", por Julio María Sanguinetti. EL PAIS. 24 de octubre de 2016.

Tiempo extraño este que estamos viviendo. Por un lado, una revolución científica lleva al saber humano a fronteras cada vez más audaces, cambiando modos de producción y hasta expectativas de vida; al mismo tiempo, se adolece de fundamentalismos anacrónicos que, como fantasmas de un pasado que se niega a morir, invaden las sociedades con su carga de irracionalidad y fanatismo.



La reaparición de las guerras de religión, luego de dos siglos de larga y exitosa secularización, es una contramarcha histórica muy profunda. El islam radical agrede los valores de la civilización occidental con acciones terroristas y se divide con encono, a su vez, entre sus diversas tendencias. Sus agresiones han producido, en nuestro mundo, reacciones tan desproporcionadas y sin objetivo claro como lo han sido las guerras de Afganistán e Irak. Al amparo de ambigüedades y dudas de los gobiernos democráticos, crecen los demagogos xenófobos con su carga de fanatismo. El miedo es un mal consejero y allí están la señora Marine Le Pen y el extravagante Donald Trump para testimoniarlo, con una respuesta popular particularmente preocupante.
Al coincidir en el tiempo este terrorismo religioso con un mundo de migraciones, las pasiones nacionalistas se excitan, contradiciendo un proceso de globalización que, a través de la aceptación de las libertades democráticas, la economía de mercado y los nuevos medios de comunicación, expande los bienes de la técnica, del arte, del entretenimiento, incluso uniformando gustos y hábitos de comportamiento. El reciente Brexit británico, tan distante de su flemática racionalidad histórica, ha sido hijo de un nacionalismo aldeano, de arcaica psicología isleña, en que los viejos de los pueblitos, los nostálgicos del Imperio y los veteranos de innúmeras guerras, le han negado a los jóvenes la permanencia en una amplia Europa que había erigido a Londres en su capital financiera. Muros se levantan por doquier como expresión material del abroquelarse nacionalista.
No faltan tampoco los fundamentalismos democráticos, que asumen que una mayoría electoral les atribuye el poder absoluto para atropellar la separación de poderes y perpetuarse en el gobierno. Los populismos latinoamericanos son un cumplido ejemplo de cómo una elección se transforma en un mito refundacional que termina con las instituciones de las que nació. El chavismo es un enfermizo paradigma.


Las pasiones nacionalistas se excitan, contradiciendo la globalización

En otra dimensión política del mismo fenómeno fundamentalista, nos encontramos con la iracundia identitaria que impide toda negociación. Es otra resurrección del pasado. Ya Tucídides, en su Historia de la Guerra del Peloponeso, nos decía que “la causa de todos los males era el deseo de poder inspirado por la codicia y la ambición y de estas dos pasiones, cuando estallaban las rivalidades de partido, surgía el fanatismo”. A lo que agregaba: “[...]Así fue como la perversidad en todas sus formas se instaló en el mundo griego, a raíz de las luchas civiles, y cómo la ingenuidad, con la que tanto comulga la nobleza de espíritu, desapareció víctima del escarnio”.
No faltan tampoco los fundamentalistas ecológicos, con sus utopías románticas, que —desbordadas más allá de su benéfica alerta— nos llevan a tiempos mitológicos, como aquella edad de oro que evocaba el Caballero de La Mancha. Y ni hablar de los económicos, curiosamente provenientes tanto de la izquierda materialista como de la derecha ultraliberal, convencidas ambas de que la economía predomina sobre todas las otras dimensiones de la sociedad y el espíritu.
La racionalidad científica también tiene su patología, históricamente simbolizada en el monstruo engendrado por la ambición del doctor Franken<TB>stein. Hoy los monstruos aparecen, en ocasiones, en Corea del Norte, con un pequeño maniático que sueña con bombas atómicas, o bien —más sofisticadamente— en el pensamiento occidental, en las construcciones teóricas de quienes creen —como lo decía Saint-Simon— que “en el nuevo orden político las decisiones deben ser el resultado de demostraciones científicas totalmente independientes de la voluntad humana”. En una palabra, terminamos con la política y los políticos, sin advertir que la conducción de las sociedades no es reductible a ecuaciones.
De todo lo cual resulta, paradójicamente, que, en medio de una explosión científica, la razón ha de seguir en combate. Y que el proyecto de los Iluministas, inspirador de las grandes revoluciones liberadoras, no se ha consolidado tanto como en algún momento creímos alcanzar.
Julio María Sanguinetti fue presidente de Uruguay.

jueves, 20 de octubre de 2016

jueves, 13 de octubre de 2016

"ACOSO ESCOLAR", EL PAIS. 13 DE OCTUBRE DE 2016




La brutal agresión en el patio de un colegio a una niña de ocho años que acabó en el hospital con múltiples lesiones ha hecho aflorar un grave problema presente en los centros educativos. La violencia, física y psíquica, en el seno de los colegios es una realidad, e intentar ignorarla, ocultarla o minimizarla no es la solución. Solo asumiendo que los menores son objeto de vejaciones y palizas por parte de sus propios compañeros será posible poner freno a un fenómeno que debería escandalizar a todos, empezando por padres y profesores.
Es inadmisible que en casos como el denunciado estos días en Palma de Mallorca no fueran los responsables del colegio quienes dieran la voz de alerta. Al fin y al cabo, era en sus instalaciones donde la niña fue arrojada al suelo y pateada repetidamente por un grupo de alumnos de entre 12 y 14 años (inimputables penalmente) a cuenta de una riña por un balón de fútbol al término del recreo.
Este suceso se une a las escalofriantes cifras facilitadas por la Fiscalía de Bizkaia, que el año pasado recibió 47 denuncias de acoso en el entorno escolar. Algunas tan flagrantes como la de una estudiante de bachillerato que necesitó escolta policial ante las constantes intimidaciones y amenazas, incluso de muerte, que recibía a través de mensajes clavados en su pupitre por parte de un compañero. Para descubrir al agresor fue necesario instalar cámaras ocultas en el aula. Hay otros instrumentos tecnológicos al alcance de todos, como la aplicación Alertcops, que permiten denunciar conductas delictivas. En año y medio de funcionamiento, este sistema ha impedido 63 casos de acoso escolar.
Detectar comportamientos que pueden derivar en acoso es una obligación de la que la comunidad escolar no puede abdicar. Su deber no es ocultarlos o intentar que no trasciendan, sino todo lo contrario: ponerlos en conocimiento de las familias, la policía y la Fiscalía.
Tampoco los padres pueden desentenderse y endosarles a los profesores toda la responsabilidad. Las competencias son ineludiblemente colegiadas. Es un principio básico que la educación ha de ser una tarea compartida y el proceso de aprendizaje y de socialización de los niños se debe conjugar en dos ámbitos irrenunciables: el hogar y la escuela. De poco sirve aplicar una férrea disciplina en un entorno si en el otro domina una completa dejadez. Instrumentos como los consejos escolares son esenciales para que padres y profesores actúen coordinadamente y transmitan a los niños valores cívicos de tolerancia y respeto.
Tan necesario como reforzar esa cultura de la educación compartida es adoptar medidas preventivas y diseñar protocolos de actuación en los colegios, un plan de formación específica al profesorado y una guía para padres y alumnos. Es preciso también aplicar el Plan para la Convivencia y Mejora de la Seguridad en los Centros Educativos y sus Entornos, ratificado por los Ministerios de Educación e Interior en 2007. Conocer la dimensión del problema, a través del prometido registro estatal de acoso, es la mejor manera de atajarlo. Pero además de voluntad política, hace falta dotarlo de medios para que funcione eficazmente.

lunes, 3 de octubre de 2016

EL RELOJ VERBAL


EL RELOJ VERBAL

El presente de indicativo:

En el reloj verbal el presente coincide con nuestro tiempo actual. Otra cosa son los usos. Desde ese significado central de coincidencia con el yo en el momento en el que se habla, podemos señalar distintos usos del presente:

a)      Para afirmar cosas del presente cronológico que presentamos como seguras y totalmente controladas. Declaramos así lo que sabemos sobre el presente y preguntamos lo que otros saben: Yo DUERMO  normalmente ocho o nueve horas al día.

b)      Afirmar el futuro: ¿ Te vienes a estudiar mañana a mi casa? Vale, a las cuatro ESTOY allí.

c)      Presente gnómico:  Decimos lo que sabemos sobre las cosas en general: Los niños SON niños.

d)      Presente histórico: El Tenerife LOGRA su mejor juego de su historia con Jorge Valdano en el banquillo.

El pretérito perfecto de indicativo:

       Con el perfecto afirmamos hechos terminados  en un espacio actual (en un tiempo actual):

       Un ejemplo sería: “Inglaterra se ha hecho dueña del mundo”. Esta oración quiere decir que todavía, ahora, en el momento en el que hablo, lo es.

      O: “Hoy he plantado un árbol”, “Esta semana he plantado un árbol”, “Este año he plantado un árbol”, “En mi vida, he plantado árboles muchas veces”.

      ¡También se puede usar este pretérito para señalar una acción futura, pero ojo: SUCESOS FUTUROS ANTERIORES A OTRO MOMENTO FUTURO! Ejemplo: Seguro que cuando vuelvas, la ha tarta ha desaparecido.

El pretérito indefinido o pretérito perfecto simple

   El Pretérito indefinido (perfecto simple) representa un hecho terminado y sin relación con el espacio actual:

     Con el indefinido contamos hechos terminados en el espacio pasado en que se produjeron (visto desde fuera):

    Llovió mucho aquel día.

   Por tanto, no es lo mismo decir  me compré un vestido precioso que me he comprado un vestido precioso.

    Con el perfecto compuesto presentamos un suceso como parte de la situación actual, como dijimos; con el perfecto simple, presentamos un suceso en sí mismo:

a)      Se ha ido hace un par de minutos.

b)      Se fue hace un par de minutos.

El pretérito imperfecto de indicativo:

    Es como si dijéramos el presente del pasado, si bien el presente representa hechos no terminados en el momento actual, el imperfecto traslada esta perspectiva a un momento del pasado, como si lo viéramos desde dentro.

   Sí, hace frío … Sí, hacía frío… Todas las noches estudio una hora… Antes estudiaba una hora…

   El pretérito pluscuamperfecto de indicativo.

   Usamos el pluscuamperfecto para referirnos a hechos que ya estaban terminados antes de ese punto del pasado:

    En aquel momento, mi padre no estaba en casa. Se había ido a trabajar.

    Cuando llegué, ya se habían comido toda la tarta.

    El futuro perfecto:

   Declaramos con ese tiempo sucesos terminados antes de ahora, o antes de un momento futuro.

   No sé, habrá llovido.

   Cuando vuelvas, la tarta ya habrá volado.

    El condicional:

   Suponemos una realidad pasada o pedimos una suposición sobre ese tiempo pasado.

    ¿Qué sería aquello que se movía allí? No sé. Sería un gato.

   El condicional simple designa una situación posterior a otra pretérita, por lo que ha sido caracterizado como un “futuro del pasado”. Se diferencian fundamentalmente CANTERÉ y CANTARÍA en que el segundo lleva implícita la idea de que existen ciertas circunstancias que dificultan el cumplimiento o la verificación del contenido de la oración, como en En 2010 cumpliría 60 años. También se usa para expresar una conjetura Serían las diez.

   El condicional compuesto:

   Con este tiempo, suponemos una realidad anterior a una escena pasada, o pedimos una suposición sobre este tiempo:    

    ¿Por qué estaba todo tan mojado aquel día? Pues no sé. Habría llovido.



   O un tiempo anterior a un condicional: Afirmaron que cuando llegara el invierno habrían recogido la cosecha.

      

LOS TIEMPOS DEL SUBJUNTIVO APARECEN EN CONTEXTO QUE APUNTAN HACIA LA EXPRESIÓN DE HIPÓTESIS, DESEOS, ETC…



   

sábado, 1 de octubre de 2016

"Sueño" de Fernando Savater. EL PAÍS.

La pasada noche decidí ver una película grabada desde hace meses, Las últimas horas, dirigida por Zak Hiditch. Es una reciente variación australiana del tema que desarrolló en 1959 Stanley Kramer en La hora final con un apabullante reparto encabezado por Gregory Peck y Ava Gardner, basada en el best-sellerde Nevil Shute. La actual no me pareció mala, sólo algo sosa pese a crímenes y orgías algo apáticas. El perfil bajo no es un defecto, pero al contar las catastróficas horas finales del planeta vividas por seres desesperados habría que ponerle mas emoción. La verdad es que los relatos del fin del mundo sin una estafa salvífica postrera me resultan tónicos, sobre todo ahora. No me asustan. Recuerdo a Víctor Hugo, que cuando le preguntaron si temía el último día universal repuso: “¿El fin del mundo? Eso ya ha pasado muchas veces”. O Borges, a la periodista que ufana le aseguraba que él nunca moriría: “Bueno, señorita, no nos pongamos pesimistas…”.
Entonces veo el reportaje sobre esa niña de cinco años aplastada por los escombros de un edificio bombardeado en Alepo, a la que rescatan aún con vida un grupo de agobiados voluntarios. Al principio llora con fuerza, luego se calla y en la camilla improvisada está dormida. Su cuerpecito machacado ha perdido toda facultad de movimiento. Ahora duerme y seguramente sueña. No con el fin del mundo, claro: eso lo ve cuando abre los ojos, a su alrededor, es la única realidad que ha conocido en su corta vida. Sucia de la cal y el polvo del derrumbe, llena de magulladuras, con lesiones internas, sueña con lo inaudito: el renacer del mundo, el alba de la compasión y la alegría. Sólo por su pureza quisiera que durase el mundo. Para que siga soñando…