martes, 29 de marzo de 2016

FECHAS IMPORTANTES


1º BACHILLERATO

 

-          20 de abril: examen periodístico.

-          27 de abril: lectura obligatoria.

-          4 de mayo: comprensión oral.

-          18 de mayo: examen literario.

-          25 de mayo: examen teórico.

 

Otros plazos:

-          29 de abril: 1ª lectura voluntaria.

-          3 de junio: 2ª lectura voluntaria.

-          15 de mayo: Abecedario autobiográfico.

-          3 de junio: La cena literaria.

lunes, 28 de marzo de 2016

UNA OPORTUNIDAD PARA EL QUIJOTE

SE me olvidó decirles que pueden, como CENA LITERARIA especial, invitar personajes del Quijote.  Se llamaría LA CENA, O BANQUETE, de SANCHO PANZA.

¿Qué entra nuevo en el tercer trimestre?

¿QUÉ ENTRA EN LOS EXÁMENES DEL TERCER TRIMESTRE?
LENGUA
1.- Toda la Unidad 7.
2.- Toda la Unidad 8. 
3.-  Toda la Unidad 9.
LITERATURA
1.- Unidad 21. Páginas 244, 246 y 248.
2.- Unidad 20. Páginas 228 y 229. (otra vez, ya la tuvieron que estudiar para el Quijote), 230 y 232 y 234. 
3.- Unidad 18. EL LAZARILLO DE TORMES: en las páginas 208, 209, 210.
4.- UNIDAD 17. Páginas 188 y 189 y 190 y 192 y 193 y 194. 
(RASGOS DE LA MENTALIDAD MEDIEVAL, EN LA PÁGINA 146).
5.- UNIDAD 16. LA CELESTINA: en las páginas 176 y 177 y 178 y 180.
6.- UNIDAD 15. LOS ROMANCES: 162.
7.- UNIDAD 14. JORGE MANRIQUE Y LAS COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE, en la página 154.


Instrucciones para la actividad LA CENA LITERARIA

RECUERDEN que los comensales serán los siguientes:

1.- Un personaje que cocine.
2.- Un personaje que pague la comida.
3.- Un personaje villano.
4.- Un personaje que monte una escenita.
5.- Una pareja (no tiene por qué ser una pareja de enamorados).
6.- Un personaje menospreciado.
7.- Un personaje popular.
8.- Un personaje divertido.
9.- Un héroe o una heroína.
10.- Un personaje elegido por ti.

La idea original, como comentamos, gira en torno a la literatura. Pero indicamos en clase que abriremos la puerta a personajes históricos, a personajes de series de televisión , a personajes de películas, a personas relacionadas con el mundo del arte (directores de cine, de orquesta, a músicos y cantantes, a pintores, a escritores, a escultores...).

Ya saben a quiénes no queremos ver en nuestra cena.

En los próximos días procuraré entregarle unas rúbricas (o sea, qué se evaluará). Tengan en cuenta que en principio es un proyecto que les proporcionará nota también en la expresión oral.


domingo, 27 de marzo de 2016

LA CENA LITERARIA

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LA VIOLENCIA DE FÚTBOL


“Dos puñaladas que merecen una explicación”, por Jesús Mota. EL PAÍS.

Pío Baroja argumentaba con vehemencia que si bien los hombres (la especie) habían conseguido asombrosos progresos científicos y técnicos hasta el siglo XX, su calidad moral no era muy diferente de la de sus antepasados del Paleolítico. Don Pío observaba los comportamientos cobardes o violentos y sacaba conclusiones. Son muchos los filósofos que han identificado el mal absoluto, ese que se atribuye a Satán, con la violencia. El episodio vivido (o casi fenecido por uno de sus protagonistas) en el campo malagueño de San Ignacio en el partido que jugaron el CD El Palo y el Alhaurín de la Torre B, de Tercera, invita a deprimirse en el pesimismo antropológico. Al final del partido, un jugador de El Palo sujetó a otro del Alhaurín, Samuel, mientras un segundo jugador del equipo palense le asestaba dos puñaladas en el tórax, cerca del corazón. Samuel se ha salvado de la muerte y sus agresores están identificados y a disposición judicial.

Con retórica y una pizca de énfasis se puede construir solemnemente una invocación a que se investiguen y erradiquen las causas de la violencia en el fútbol. ¿Quién no apoyaría tal pretensión? Pero es una tarea difícil. La percepción de la violencia está desenfocada; no nace por generación espontánea en los jugadores, sino que germina y crece en una atmósfera que los envuelve y malea. El tóxico se compone a partes iguales de una mala educación deportiva desde los equipos infantiles; de la inoculación de dosis de rencor mezcladas con el excipiente de la competitividad, pequeñas en principio, pero que actúan como vacunas para admitir dosis mayores, hacia el otro equipo; y de la conducta vandálica de una parte de los públicos de esos campos de Dios (incluso de Primera), donde se zahiere y agrede a colegiados y linieres, a los rivales y a sus seguidores como si fueran reos de colonia penitenciaria en el siglo XVIII, como potenciador. El jugador a quien no se le ha enseñado desde alevines a distinguir entre intensidad y agresión cede fácilmente al reclamo de la brutalidad. Como diría Jessica Rabbit con donaire: “No soy mala, es que me han dibujado así”.

No caben ya más excusas de sociología de tocador. No dice verdad el presidente de El Palo B, Juan Godoy, en su análisis de las puñaladas: “El problema está por encima de lo deportivo y es consecuencia de la sociedad en la que vivimos”. De eso nada. Las puñaladas en el San Ignacio tienen causas, nombres, apellidos y aun apodos, culpables y responsables. Acusar a la sociedad es mala maniobra evasiva; la sociedad está en todos y, sobre todo, en los más próximos.

Dos puñaladas en el tórax definen algo más que “violencia deportiva” al uso: constituyen un acto criminal que merece una respuesta articulada. Se trata de que los campos de fútbol de cualquier nivel no se acostumbren al manejo de armas blancas. La culpabilidad personal la determinará el juez, como es de cajón. Pero va siendo hora de que comparezcan en el escenario los componentes del entorno de este acto, desde entrenadores y educadores hasta directivos del club. Por favor, que nos aporten su explicación de cómo hemos llegado a las navajas.

 

 

LA DESIGUALDAD LABORAL


“Hacia la igualdad real”, editorial de EL PAÍS.

La lucha por la igualdad laboral entre el hombre y la mujer (incluyendo por supuesto los cargos directivos en las empresas) se parece mucho a la pelea contra el fraude fiscal: todos los agentes sociales se pronuncian en contra de la desigualdad, igual que contra la evasión fiscal; todos se rasgan las vestiduras y piden o prometen acciones radicales para corregir ambas anomalías, pero nadie las toma y cuando se escriben en normas, decretos o recomendaciones, su eficacia se dispersa en multitud de nudos de decisión. La diferencia es que el fraude fiscal es ilegal y la discriminación por sexo, pocas veces admitida como tal, pertenece a un confuso universo situado entre la alegalidad y las recomendaciones bienpensantes que nada resuelven, pero a muchos tranquilizan. Los resultados, para la desigualdad y para el fraude, son la mediocridad que cabría esperar: escasos avances, retórica huera y promesas de mitin.

Resulta difícil explicar las causas de la desigualdad entre hombres y mujeres en las empresas, particularmente en lo que se refiere a la ausencia femenina en los puestos de alta dirección, salvo que se recurra al término machismo, que parece decirlo todo y no explica nada. La incorporación de la mujer a las tareas profesionales progresa a buen ritmo (bien que relativamente y de forma desigual) mientras se mueve en estratos salariales bajos o medios; pero sufre un colapso progresivo cuando empieza a aproximarse a los altos niveles de dirección. Las hipótesis para explicar este oscurecimiento apuntan a la presión familiar, los horarios inconvenientes o la ausencia de políticas de conciliación en España. En favor de esta hipótesis está el que países como Suecia hayan conseguido cotas muy elevadas de igualdad intensificando las políticas de conciliación. Pero, claro, la condición de eficacia es que el mensaje sea nítido y contundente; no valen correcciones menores de la legislación, de esas que suelen saludarse como “un paso adelante” a falta de expectativas mejores; las medidas que se exigen son radicales y, desde luego, tienen un coste para el Estado y para las empresas que, si se quiere ir más allá da la chatarra verbal, hay que asumir.

La desigualdad parte de una actitud dañina para los intereses de los asalariados de una compañía, de sus directivos y de la propia empresa: la de relegar el mérito a la última consideración cuando se trata de contratar o ascender a una persona. Esta disfunción en origen es notable, porque quien decide prefiere considerar antes y sobre todo características manifiestamente mediocres (fidelidad, baja conflictividad, mímesis con el entorno, simpatía, incluso el banal “¡es un gran chico!”) a la capacidad técnica, la creatividad o la pericia para encauzar el trabajo de un equipo. En este humus se fabrica, como un destilado primordial, la desigualdad del sexo en las posiciones directivas de la empresa. Porque el órgano de decisión sobre los equipos directivos forma sus ideas (el más fiel, el más simpático, el amigo) en entornos extraprofesionales, donde, como se repite con frecuencia, las mujeres no suelen estar.

Es pura negligencia sostener que la igualdad de la mujer en las empresas, a cualquier nivel, debe ser entendida como “una larga paciencia”. Quizá el camino sea largo, pero no puede emplearse ese eslogan tipo coartada mientras no se hayan tomado todas las decisiones político/administrativo/corporativas imprescindibles para conseguir el objetivo propuesto. Hay modelos sociales que imitar -es el punto de partida- y, desde luego, modelos societarios que mejorar. Es difícil entender que la elección de consejeros y directivos en las empresas tenga más que ver con el nepotismo o la proximidad que con un proceso abierto, transparente y neutral de selección. Veremos qué compromisos se adquieren y se cumplen en la legislatura.

 

jueves, 24 de marzo de 2016

Vade retro, por Luz Sánchez-Mellado

Hoy es Jueves Santo. Perdonen la obviedad, pero desde que oía de cría estas palabras en la voz engolada del locutor de Televisión Española, siempre quise escribirlas una detrás de otra y era ahora o nunca. Los niños sabíamos que la sentencia era inapelable y nos condenaba a un tostonazo de procesiones y películas de romanos desde la carta de ajuste hasta la despedida y cierre. Pero entonces, como ahora, la vida estaba fuera y allá que íbamos a comérnosla.
También hoy la tele entra en bucle de capirotes y péplums. Pero cada época tiene sus clásicos y ahora, por estas fechas, igual que llega a El Corte Inglés la primavera, sale Reig Plá, el obispo de Alcalá de Henares, y suelta por su episcopal pluma los sapos y culebras que deben de habitar sus pesadillas. Para mí que Su Eminencia se empalma bendiciendo las ídems el Domingo de Ramos y ya no decae ni harto de vino de misa. Fue un Viernes Santo cuando dijo que algunos gays encuentran el infierno. Ahora arremete contra la Ley de Transexualidad madrileña pontificando que el hombre no es solo voluntad y libertad, sino sagrada e inalterable naturaleza. ¿Sabe qué? Le envidio, Ilustrísima. Debe de ser estupefaciente creerse dueño de la recta razón y mirar un metro por encima al prójimo con sus certezas absolutas y su vara de medir vidas ajenas. Ahora, en estos días convulsos en que bellísimas universitarias mueren en ruta por fatalidades del destino e inocentes viajeros caen asesinados por la barbarie de demasiados, no sobraría predicar paz y amor en vez de prejuzgar al diferente.
En aquellas Pascuas, además de hacer vigilia, estrenábamos la manga corta y comíamos la mona y saltábamos a la comba y tonteábamos con los chicos a muerte. La vida es ahora. Gocémonos los unos a los otros y sufrámonos solo cuando no quede más remedio. Apuremos el cáliz, sí, pero hasta donde nos dé la gana. Las heces ya las sueltan otros por sus bocas.

viernes, 18 de marzo de 2016

INSTRUCCIONES PARA LA TAREA LITERARIA CREATIVA

SE trata de realizar un ABECEDARIO autobiográfico (o pseudoautobiogáfico). Observen el ejemplo:

H
Habitación. En la habitación de mis hermanas, encontré una pequeña biblioteca. De aquellos libros que habían pertenecido, según mi padre me dijo, a mi abuelo todavía recuerdo el olor de las aventuras de los Cinco o los viajes llenos de sorpresa de  Julio Verne. En las tardes de verano, mis hermanas bajaban a la playa, pero yo me encerraba en aquella habitación, suave, bañada por la luz que entraba por la ventana y que la cortina acariciaba como un sueño.



¿Ven? He escrito un recuerdo a partir de la palabra HABITACIÓN, es decir, la H. Este recuerdo en concreto es inventado. Ustedes pueden basarse en vivencias personales o inventadas (pseudoautobiagráfico). Pero, atención: no vale abusar de los nombres propios (ni de lugares ni de personas). Pueden usar olores, sensaciones, estados de ánimo, objetos, fenómenos atmosféricos...

Deben elegir de cinco a ocho letras, o sea, de cinco a ocho palabras, o sea, de cinco a ocho recuerdos. El texto correspondiente a cada una de ellas será de diez líneas, aproximadamente.


TODO EL TRABAJO HA DE SER ARTESANAL, como en el primer trimestre lo fueron los fantásticos trabajos que presentaron.

La presentación y la ortografía (y en parte el contenido, claro) serán los aspectos evaluados.

jueves, 17 de marzo de 2016

PORNO GORDO, por Luz Sánchez-Mellado. EL PAIS.

Jamás pensé que diría esto, pero me he enganchado al gimnasio. Bueno, dejémoslo en que voy cuatro días. Vale, dos o tres, si nos ponemos puntillosos. De acuerdo, uno, sin falta, el finde, a sudar en la sauna la mala sangre que te pone esta vida perra según avanza la semana. A lo que iba, que lo que haga una con su tiempo y su dinero es cosa suya. Que me he enganchado al gimnasio, y no por las endorfinas, sino por lo que tiene de observatorio de la condición humana. Al menos de la de las señoras, porque a ellos solo los veo admirándose el lomo en la luna de las pesas.
El vestuario femenino, eso es un espectáculo de la naturaleza y no el deshielo del Perito Moreno. Doñas de toda edad, peso y calibre interactuando como su madre las trajo al mundo. Está la pudorosa que se cambia el hábito de ejecutiva del Ibex por el de contorsionista del Circo Ringling sin enseñar un pelo más íntimo que otro. La Venus de Milo que se descerraja el refajo y muta en la de Willendorf. La desinhibida a la que le suena el móvil en el preciso instante del desembrague y se sienta a cotillear con las ídem a media asta y las piernas en ángulo obtuso.
Tras horas de estudio he constatado tres hechos incontrovertibles. Lo mal repartido que está el mundo. Lo que engañan las apariencias. Y que, salvo alguna diosa, todas estamos mejor vestidas. Hablando de deidades, algunas cadenas norteamericanas, las mismas que emiten en bucle anuncios de etéreas adolescentes haciendo como que eyaculan por el mero hecho de oler una colonia cara, no quieren pasar un spot en el que tres tremendísimas divas en bragas y sostén reforzado aseguran gozar de su cuerpo a lorza suelta. Que lo ven indecente, aducen. Después del duro y el blando, ahora resulta que, para esos estrechos clasistas, el nuevo porno es estar gorda. Te advierto que no está mal visto. Tamaños mujerones me ponen hasta a mí, que soy ultrahetero hasta nueva orden.

martes, 15 de marzo de 2016

"El fin de las conversaciones", por Enrique Vila-Matas.

Se pregunta Manuel Baixauli en Ningú no ens espera ('Nadie nos espera') si la adicción que tenemos por la lectura de dietarios, correspondencia, o entrevistas no responde al intento de cubrir un vacío desolador: el que tendría que ocupar la conversación, “el ejercicio más fructífero y natural de nuestro espíritu”, según Montaigne, que le dedicó un ensayo. Este ejercicio –coincide Baixauli con lo que pensamos tantos– decae en nuestro acelerado mundo de hoy: ¿puede darse el nombre de conversaciones a las que tenemos por correo electrónico, Twitter o móvil? Está claro que por esos medios podemos hablar de los viejos temas –muerte, Dios, arte, vida–, pero de un modo bien deficiente.
¿Y qué decir del ancho espacio de tiempo para las conversaciones que antaño se daba, sin ir más lejos, en las redacciones de los periódicos, donde casi todo dios fumaba y ponía los pies sobre la mesa y se hablaba de la vida y de la muerte como nunca se ha hablado? En Buenos Aires aún recuerdan la mañana de 1929 en que encontraron a Roberto Arlt en la redacción del periódico con los pies sin zapatos sobre la mesa, llorando, los calcetines rotos. Tenía enfrente un vaso con una rosa mustia. Ante las preguntas y las angustias de sus amigos, dijo:
-¿Pero no ven la flor? ¿No ven que se está muriendo?
Muerte, amor, arte, vida, inmortalidad. Hubo un tiempo que ya pasó, que fue el de las metafísicas perdidas por los rincones de los cafés de todas partes, de las que habló Pessoa: el tiempo de “las ideas casuales de tanto casual y las intuiciones de tanto don nadie que quizá un día con fluido abstracto y sustancia implausible formen un Dios y ocupen el mundo”
De hecho, muchas de todas esas intuiciones ya circulaban por los salones literarios de la Francia del XVI, donde –como cuenta Benedetta Craveri en La cultura de la conversación– las mujeres ejercían su papel de canalizadoras de la actividad intelectual a través de su posición cómo anfitrionas. Aquellos salones fueron puntos de nacimiento de la Ilustración francesa y dieron paso a conversaciones de sociedad que tenían el mismo espíritu civilizado que animaba los serenos diálogos entre los antiguos griegos.
Yo aún me acuerdo de las secuelas de aquellos salones, porque aún me acuerdo de los viejos de los años sesenta, que se reunían en los bares y en las calles para contarse historias de esa gran batalla perdida que es la vida. En aquellos días, no había móviles ni televisores que les dejaran embobados ante las pantallas y sin intercambio de palabras ni conversación alguna. Hoy en día, las metafísicas se pierden por los rincones de todas partes, vivimos en el fin de las conversaciones. Y quizás por eso, en efecto, buscamos dietarios, correspondencias, entrevistas. Pero triunfan hoy las entrevistas de Bertín Osborne, forjadas con palabra de espuela vana, a carcajada suelta. Hasta en detalles así se nota que hemos ido a menos. ¿Explica esto que los atascados y deslustrados y nada ilustrados candidatos a la presidencia nos parezcan cada día más ineptos en el arte de la conversación?

viernes, 11 de marzo de 2016

El dibujo, por Juan José Millás

En ocasiones se pasa de una situación normal a una delirante sin notar el cambio. También es cierto que lo que percibimos como normal es con frecuencia un delirio y viceversa. Había un cuento, una película, quizá una novela, ahora no caigo, en la que el personal y los internos de un frenopático cambiaban sus lugares y todo seguía funcionando con la rutina de siempre. Cuando se presentaba el inspector de Sanidad, lo atendía el director, que hasta ayer mismo era oficialmente un loco, y le mostraba las instalaciones, entre las que deambulaba, con la mirada perdida, el personal administrativo y sanitario de la etapa anterior. A veces ni siquiera es preciso realizar tal cambio, basta con darle la vuelta al dibujo, como ocurre en esa ilustración en la que, según se mire, aparece una bruja o un hada.
España, según se mire, es una cosa u otra. Significa que si nos visitara un inspector de Sanidad interplanetario y le recibiera Mariano Rajoy con su traje azul y su camisa blanca y su corbata de la suerte, no notaría nada a primera vista. Tampoco cuando le mostrara las instalaciones. Aquí, el Parlamento. Aquí, Celia Villalobos. Aquí, los siameses Sánchez y Rivera. Aquí, el Senado. Aquí, Rita Barberá. Aquí, un grupo de senadores dormitando a la espera de la jubilación. Aquí, la familia real. Aquí, la sede del PP, recién reformada. Aquí el aeropuerto de Castellón, para las personas. Aquí, el Poder Judicial. Tenemos Poder Judicial y Ejecutivo, sí, y el Cuarto Poder, ya sabe, el de la prensa. Aquí, el Palacio Episcopal. Aquí, un pederasta. Aquí, la ley mordaza. Aquí, el señor Aznar. Aquí, su hija y El Bigotes. Aquí, el Escorial. Aquí, las fotografías de la boda.
Todo normal, en fin. Pero dele usted la vuelta al dibujo.

miércoles, 9 de marzo de 2016

LOS ADJETIVOS Y DOS TEXTOS PARA ANALIZARLOS


FICHA  ADJETIVOS

ACTIVIDADES

1. Los adjetivos pueden RESTRINGIR la extensión del sustantivo como en gatos negros, pero también pueden DESTACAR, PONDERAR o EVALUAR un rasgo de su significado, como en misteriosos gatos, lo que da lugar a los llamados EPÍTETOS.

1.1 En gatos negros, este grupo nominal, o sintagma nominal, tiene una extensión menor que la del sustantivo: denomina un subconjunto, pues quedan excluidos los gatos que no son negros.

1.2. En misteriosos gatos, el adjetivo designa a todas las entidades designadas por el sustantivo gatos destacando o ponderando la propiedad de “ser misterioso” como rasgo inherente de la clase de los gatos.

1.3. Los adjetivos que restringen (1.1) son los ESPECIFICATIVOS (también llamados RESTRICTIVOS).

1.4. Los adjetivos que NO restringen (1.2) son los EXPLICATIVOS (también llamados NO RESTRICTIVOS).

1.5. Los adjetivos EXPLICATIVOS aparecen ANTES DEL SUSTANTIVO, o sea, ANTEPUESTOS, aunque existen excepciones (manjares exquisitos, rosas fragantes).

1.6. Los adjetivos ESPECIFICATIVOS aparecen DESPUÉS DEL SUSTANTIVO, es decir, POSPUESTOS.

Actividad, subraya en el texto todos los adjetivos de estos artículos de Juan José Millás y determinar si son especificativos o si son explicativos.

PRIMERO

Muchos historiales clínicos empiezan señalando el estado de confusión y desorientación con el que el paciente acude a la consulta. Es justamente lo que cabría decir de España en estos momentos. Un país desorientado y confuso que se quita y se pone compulsivamente la corbata o la pajarita (a veces se la pone para irse a la cama y se la quita al levantarse) y alterna estados de euforia con etapas de depresión. Sufre asimismo episodios de agresividad verbal, especialmente acusados en las discusiones familiares y tertulias televisivas. Si España fuera un individuo (y lo es: un individuo colectivo), su historial clínico sería preocupante. Llega a Urgencias profundamente dividida entre intereses políticos incompatibles, aunque inhabilitada para elegir el que más le conviene. De momento, se solicita informe a endocrinología para evaluar el estado de la tiroides.

Ignoramos cómo tiene España la tiroides, pero se le agría el carácter a velocidad de vértigo. Y no hay acuerdo sobre la terapia a seguir. Tampoco sobre a qué especialidad derivarla. Muchos pacientes en esta situación acaban olvidados en cualquier dependencia de la institución, deteriorándose físicamente a toda prisa mientras se enfrascan en monólogos interminables con una cierta apariencia silogística. Y aquí no hacemos otra cosa que razonar. Razonamos de manera obsesiva, como el que cierra siete veces las llaves del gas o se lava las manos cada cinco minutos. No importa la hora a la que enciendas la radio o prendas la televisión, siempre hallarás a alguien razonando. Y el poder de convicción de algunos es tal, que, si fueras médico, le darías el alta hospitalaria. En fin, no sé, tal vez si estudiáramos nuestros antecedentes familiares se nos ocurriría algo.

SEGUNDO

Estaba tomándome el gin tonic de media tarde cuando en la mesa de al lado un hombre le preguntó a una mujer si era capaz de imaginarse una libélula gorda.
—Pero gorda gorda —añadió—, como tu madre.
—¿Estás comparando a mi madre con una libélula? —preguntó la mujer.
—Si hubiera libélulas gordas —dijo él—, estoy seguro de que se parecerían a tu madre.
—¿Pero qué tiene mi madre de libélula?
—No sé, la expresión de la cara, los movimientos de las piernas… Además, cuando riega las plantas, se acerca y se aleja de ellas con movimientos semejantes.
La mujer cortó un trozo de su tortita, que untó con nata, y se lo llevó a la boca pensativa, como tratando de decidir si el hombre trataba de piropear o de insultar a su progenitora. Por fin, pasados unos segundos, preguntó:
—¿Te imaginas un hipopótamo delgado?
—¿Cómo de delgado?
—Pues que se le notaran las costillas.
—No es fácil, pero sí.
—Pues si hubiera hipopótamos delgados serían igual que tu madre.
Aunque me pareció advertir en las palabras de la mujer una intención ofensiva, lo cierto es que el hombre no se dio por enterado.
—A mi madre —se limitó a señalar— no se le notan las costillas.
—Pero actúa como un hipopótamo. La ves avanzar en toda su delgadez por el pasillo y te dices: ahí viene un hipopótamo famélico.
Yo di un sorbo a mi gin tonic e imaginé una escena de documental de La 2 en la que una libélula gorda se posaba sobre el cuerpo de un hipopótamo delgado. Parecía una escena surreal, un regalo onírico. Mientras me perdía en estas ensoñaciones potenciadas por el alcohol, la pareja se hundió en un silencio hosco que rompió ella preguntando si invitaban o no invitaban a su boda al «ministro». Vale, dijo él, y eso fue todo.