jueves, 29 de octubre de 2015

CERDOS Y ZORRAS


“Cerdos y zorras”, por Luz Sánchez Mellado. EL PAÍS. 29 de octubre de 2016.

Qué prieta vienes hoy, qué buena te estás poniendo, que no me entere yo de que ese culito pasa hambre. Cualquier mujer que haya trabajado con una muestra representativa de hombres ha recibido u oído recibir a otras parecidas perlas de galantería masculina de boca de algún colega y/o jefe en algún momento. Ayer mismo, sin ir más lejos. Oficinas y fábricas, por muy de inteligentes que se las den últimamente, no son un mundo aparte limpio de polvo y paja. Son la misma jungla de relaciones que la calle y la casa, solo que sus moradores están obligados a permanecer en ella las horas reglamentarias y a acatar la autoridad de la especie dominante si desea conservar el trabajo, o sea la bolsa, o sea la vida. Ocurre, todavía, que la mayoría de sujetos alfa de la selva son machos. Y que aún demasiados, aunque solo sea uno, creen que todo monte de Venus es orégano a su disposición absoluta.

Las mujeres aprendemos desde niñas a espantar moscones, driblar babosos y torear cerdos. Eso, aunque no debiera, entra en las reglas del juego, y jugamos cuando nos da la gana. Si nos ponemos igualitarias, nosotras también decimos lo bueno que está el becario, lo mazas que se está poniendo el gerente y el polvazo que tiene el segurata. También ponemos a parir trillizos a la calientabraguetas que va por los despachos pechuga en bandeja. También actuamos según cómo y con quién, solo faltaba. Pero, personalmente, veo claras las líneas rojas. No tengo un abusómetro, pero sí estómago, sentido común y vergüenza. Ayer mismo una presentadora mexicana abandonó un plató porque un baboso la manoseó en directo pese a sus protestas. El cerdo la disculpó ante la audiencia diciendo que su colega debía de estar “hormonal”, o sea menstruando, o sea viva, para tomarse en serio la broma. Maldita la gracia que tiene una lacra que solo acabará cuando ellos, todos ellos, entiendan que “no” significa no. Que no. Ni de coña.

jueves, 22 de octubre de 2015

NUEVOS TEXTOS PERIODÍSTICOS


“Juguemos”, por Elvira Lindo. EL PAÍS. (12/01/2011)

 

Jugar en la calle. Jugar en grupo. Esa es la actividad extraescolar que un grupo de educadores y psicólogos americanos han señalado como la asignatura pendiente en la educación actual de un niño. Parecería simple remediarlo. No lo es. La calle ya no es un sitio seguro en casi ninguna gran ciudad. La media que un niño americano pasa ante las numerosas pantallas que la vida le ofrece es hoy de siete horas y media. La de los niños españoles estaba en tres. Cualquiera de las dos cifras es una barbaridad. Cuando los expertos hablan de juego no se refieren a un juego de ordenador o una playstation ni tampoco al juego organizado por los padres, que en ocasiones se ven forzados a remediar la ausencia de otros niños. El juego más educativo sigue siendo aquel en que los niños han de luchar por el liderazgo o la colaboración, rivalizar o apoyarse, pelearse y hacer las paces para sobrevivir. Esto no significa que el ordenador sea una presencia nociva en sus vidas. Al contrario, es una insustituible herramienta de trabajo, pero en cuanto a ocio se refiere, el juego a la antigua sigue siendo el gran educador social.

Leía ayer a Rodríguez Ibarra hablar de esa gente que teme a los ordenadores y relacionaba ese miedo con los derechos de propiedad intelectual. No comprendí muy bien la relación, porque es precisamente entre los trabajadores de la cultura (el técnico de sonido, el músico, el montador, el diseñador o el escritor) donde el ordenador se ha convertido en un instrumento fundamental. Pero conviene no convertir a las máquinas en objetos sagrados y, de momento, no hay nada comparable en la vida de un niño a un partidillo de fútbol en la calle, a las casitas o al churro-media-manga. Y esto nada tiene que ver con un terror a las pantallas sino con la defensa de un tipo de juego necesario para hacer de los niños seres sociales.

 

 

“A la maestra”, por Elvira Lindo. 14 de octubre de 2015.

El lenguaje se infecta. Lo infectan a menudo los políticos y lo infectamos quienes hablamos o escribimos en los medios. Nuestro vicio por una jerga que encubre a menudo un rechazo por la claridad acaba trufando el lenguaje común. Como resultado, a veces hablamos de asuntos cotidianos como si estuviéramos en una tertulia televisiva o haciendo declaraciones en el telediario. En una esquina del periódico, no tan a la vista como a mi juicio debiera estar, me encuentro con que en Granada una madre ha agredido a la maestra de su niña porque las normas del centro no permitían la impuntualidad para una jornada musical. La madre, fuera de sí, agarró del pelo a la maestra, la pateó y la insultó. Todo esto delante de la cría. Dios nos libre de madres que nos quieran tanto. La maestra acabó en el hospital: las magulladuras se curan antes que los sustos y que el trauma que provoca una agresión.

Leo que la directora del centro ha declarado que a la paz se llega con el diálogo, y que la Consejera de Educación se solidariza con su caso y rechaza cualquier tipo de violencia. Supongo que estas expresiones provienen de cuando los telediarios abrían con los políticos condenando un atentado, pero francamente esas palabras suenan poco convincentes si se trata de hablar de algo ocurrido en una escuela. Todo es más simple: el profesorado es la autoridad que los padres deben reconocer. En casa nuestra madre solía decirnos: “A la maestra se la trata con respeto”. Por lo que se ve urge abrir una escuela de padres y madres para que aprendan a comportarse. Primera lección: a la maestra no se la pega (permítanme el laísmo).

miércoles, 14 de octubre de 2015

LAS PIERNAS DE GARBIÑE MUGURUZA


“Las piernas de Garbiñe Muguruza”, por Iñaqui Díaz-Guerra. EL MUNDO.

Me dan igual las piernas de Garbiñe Muguruza. Debo ser rarito, visto que es una de las cuestiones más comentadas sobre la número 4 del mundo en los medios y en las redes sociales. Lo de su diabólico drive, ya lo dejamos para otro día... Tampoco me importa la sonrisa de Mireia Belmonte, que es bonita, la he visto y no soy tonto, pero no sé qué narices tiene que ver con su colección de medallas. No quiero saber si tienen novio o no, si juegan maquilladas, si les da tiempo a conocer chicos, si quieren tener hijos... Pero no paro de leer sobre ello. En serio, maduremos. Les aseguro que el Kun Agüero tiene una sonrisa acojonante, de no presentarle a tu pareja por si acaso, y nunca lo he visto en una crónica del Atleti, del City o de Argentina. Lógico.

El deporte español ha evolucionado (para bien) y va siendo hora de que todos nos pongamos a su altura. En los últimos Juegos Olímpicos (Londres 2012), 11 de las 17 medallas de España fueron femeninas y, desde entonces, el escalafón deportivo nacional ha cambiado. Varios de los grandes ídolos han entrado en fase de declive o (esperemos) transición (Rafa Nadal, Fernando Alonso, la selección masculina de fútbol) y en su lugar han aparecido Muguruza, Belmonte, Carolina Marín, Ona Carbonell... El rostro de nuestro deporte es ahora de mujer. Pero nada, seguimos aliñando sus logros con toques rosa, buscando una justificación innecesaria para otorgarles el espacio que se han ganado de sobra. Y luego está lo de los apodos... Que si Las leonas, que si Las guerreras, que si Las sirenas. Todo tan rancio (y tan hortera).

En serio, mejor acostumbrarse ya y dejar de hacer el ridículo. Nadie puede pedir que, por decreto, guste igual el deporte femenino que el masculino. Sólo faltaba. A la gente le fascina la Fórmula 1 y a mí me aburre más que una película de Almodóvar (aquí he exagerado), así que es ridículo criticar al que prefiere ver a Nadal que a Muguruza. El debate no es tanto la cantidad como la calidad: si le dedicas un breve, que sea un breve profesional, no un chiste malo del Cuore.

Siento si parezco con esto un bienqueda, un cuñado o, peor, un socialdemócrata, pero es lo que hay. Ayer leía que Garbiñe es «coqueta». ¿En serio? ¿De verdad es el adjetivo más pertinente para una mujer de 1,82 que da hostias como panes a la bola y acaba de ganar uno de los torneos más importantes del mundo? ¿Qué aporta? ¿Necesitamos decir o insinuar que, aparte de jugar de maravilla al tenis, es mona, para justificar que le otorguemos una plaza en nuestro exclusivo reducto viril y desfasado?

Este paternalismo casposo, plagado de fotos seleccionadas según criterios no deportivos y producciones de moda donde decir que «además es guapa», deja un fuerte tufo a especie amenazada. Una última batalla, como Braveheart pero sin heroísmo alguno. Una queja sorda (y ciega): «Tras quitarnos el voto y los bares, ahora pretenden arrebatarnos el deporte. Hay que detenerlas antes de que sea tarde. ¿Qué será lo próximo? ¿El porno?». Lo siento, chicos, a eso también han llegado ya. No respetan nada...

Tengo una hija con la que en unos años espero abonarme al fútbol y, si mi estudiado y revolucionario proyecto educativo sale como debe, trasnochar para ver juntos la NFL y la NBA. Agradecería que no me estropeasen el plan hablando de piernas y maquillaje hasta que la niña acabe decidiendo que el deporte es maravilloso, pero no hay dios que aguante a los que lo cuentan. Que es menos machista el porno.

 

jueves, 1 de octubre de 2015

ACTIVIDADES PARA REALIZAR EN CASA DURANTE LA LECTURA DE "DON JUAN TENORIO"

Durante los días que nos llevará la lectura de DON JUAN TENORIO las tareas paralelas que deben realizar en sus casas son las siguientes:

   De la página 15, los ejercicios 14 y 15 y 16. El primero de ellos ya está, prácticamente, realizado en clase.

   De la página 17, TODOS LOS EJERCICIOS, salvo el 19.

   NOTAS:
  
  1) La lectura de la obra DON JUAN TENORIO se llevará a cabo en clase siempre y cuando el alumnado tenga el texto delante, al menos, dos alumnos por texto. De no ser así, las clases seguirán su curso con los ejercicios propuestos más arriba.
  2) No nos sentamos en grupo durante las sesiones de lectura.
  3) Con la vuelta a las clases de trabajo, comprobaremos quién ha realizado las tareas encomendadas y quién no. La no realización de las tareas implica una nota, en este caso, digamos, negativa,  para el grupo al que se pertenece.
   4) Quien desee realizar un comentario de texto, en la última ficha entregado tenemos un texto interesante para ello. De todas formas, lo realizaremos a su tiempo debido.